domingo, 4 de agosto de 2013
EL SAUCE
Miró sus manos ensangrentadas una vez más, dejando de lado todo prejuicio y se sumergió en sus propias fantasías, aquellas que lo rondaban desde el comienzo de los tiempos. Se sintió tranquilo, al descubrir que esta situación era algo que estaba predestinada hacía siglos.
El sauce se acercó... día a día, cada vez más cerca. El sauce. El bendito (o maldito, inclusive) sauce que llenaba sus sueños se podía ver en la realidad, instalando en su balcón, contoneando sus raíces y ramas; llamándolo, invitándolo.
Sus manos no estaban entintadas, sino que por el contrario, estaban límpidas. Cerró los ojos y se entregó a la princesa de toda una vida. . .
miércoles, 27 de junio de 2012
Chile como una Casa de Campo
Quiero comenzar parafraseando a un importante historiador Chileno: Gabriel Salazar. Según él, Chile es una casa de campo. Claramente, al decir esto, hace una referencia a la novela del escritor José Donoso. No obstante, él se refiere a que las relaciones en este país se dan por el amiguismo. En mi caso, utilizaré la cita para cumplir un sueño que tengo hace años, ya que desde que leí esta frase, he querido cuestionar los roles que cada mandatario representaría, en caso de que nuestro país fuera, en efecto, una hacienda.
Salvador Allende –pues con él se puede decir que comienza este proceso– sería, literalmente, el médico de casa patronal. Sin embargo, tal cual expone Donoso en Casa de Campo, los doctores, al verse permeados por el trato con la gente, desarrollan otras sensibilidades. Así, llega al poder con el apoyo de los inquilinos.
La temida sombra de Pinochet, aquel jefe de justicia que tomó el poder por la fuerza –porque si bien se puede argumentar que fue algo necesario, la forma nunca fue la correcta–, llegó a representar a la fuerza policial que toda hacienda debe tener. En este sentido, su aparición en el contexto chileno sería la del subordinado que se eleva, a petición del terrateniente, quien probablemente se encontraba de vacaciones en otro lugar, para recuperar un orden primigenio.
Luego aparece Ricardo Lagos, hombre de espalda ancha que, con su discurso, viene a demostrar la internacionalización del poder. Así, este caballero vendría a retratar a un defensor de la democracia, pero que viene a asentarla, pues el proceso ya estaba desarrollándose.
Michelle Bachelet es la madre, aquella mujer en la que puedes confiar: se presenta, a sí misma, como un doctor y mujer. En consecuencia, se exhibe como el apoyo incondicional que siempre buscamos; la mamá. Además, al presentarse como doctora y socialista, se une a esa figura ya épica y heroica del presidente que resistió en la Moneda –porque no podemos olvidar que Allende resultó electo como el gran chileno.
Finalmente, Piñera vuelve a recuperar un terreno que había perdido. Es, en este sentido, el hijo de aquel patrón de fundo que antaño le pidió a su jefe de seguridad que, y me perdonan el coloquialismo, “ordene el gallinero”. Viene con su aristocracia y promesas de superación a recuperar lo que, según su pensamiento, por derecho le pertenece.
martes, 17 de mayo de 2011
martes, 3 de mayo de 2011
La Fiesta de la Ciudad.
Caminé hacia de la casa, el ambiente era el mismo que en la entrada, ahí estaban mis amigos. Seguí caminando hasta llegar al segundo piso donde encontré a Oriente, estaba con sus amigas, riéndose de la gente de la fiesta. El aire era fresco, limpio. Sin embargo, decidí bajar nuevamente hasta llegar al subterráneo, ahí, encontré a Conchalí, comentado sobre las cuicas de arriba. El ambiente, al contrario del segundo piso, tenía una nube de diversos colores; apenas pude respirar.
Pero, ¿quién soy yo?, ¿Qué hago en esta fiesta? Estos no es una fiesta. Esto es Santiago. Una mezcla de ambientes, personas y credos.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Fijación Errada (Reloaded)
En cinco días se cumplirá mi condena. Cuando pasen esos malditos días todo lo que conocía, o creía pensar que era felicidad se borrará para siempre. Tengo miedo. No sé qué va a pasar ese día. Tengo claro que todo lo que pueda sentir, no cambiará la situación que estoy viviendo. De veras me arrepiento de todo; de haber comenzado a pensar, a querer e incluso, a amar.
Alba Subercaseaux estaba sola en su pieza. No podía dormir, a pesar de que ya eran pasadas las tres de la madrugada. Lo más probable es que esto se debiera a los mil y un pensamientos que por su cabeza pasaban. Era la noche del domingo cuando, como todas las semanas, sus padres notaron algo extraño en su comportamiento: llevaba muchas horas callada, ensimismada, pensativa. Por otro lado, nadie en su familia lograba entender cómo podía ser que no hubiera ido a comulgar, ya que esto era casi un hábito en ella, desde el día en que había hecho la primera comunión. Le ofrecieron comer, pero se retiró argumentando un punzante dolor de cabeza. Sin embargo, a pesar de la cantidad de horas en que había estado intentándolo, no había podido conciliar el sueño: su cabeza era un mar de preguntas y pensamientos sin sentido.
Es extraño: llevo horas tratando, pero no puedo evitar de darle vueltas a esta duda que ataca profundamente mi cabeza.
Al fin, y después de largos e inútiles intentos, logró dormir. Sus sueños fueron caóticos, repletos de imágenes que la hicieron moverse de un lado a otro. Se despertó muy temprano bañada en un sudor frío. Había tenido una pesadilla, de la que no pudo librarse en todo el día: a cada minuto le invadían recuerdos de ese onírico mundo. A la noche siguiente, la historia no se repitió. El cansancio fue superior a toda duda que pudiera tener en su cabeza.
Fue transcurriendo así su semana, lentamente, llena de momentos de agonía, hasta el día viernes, cuando al estar en una evaluación en la universidad las lágrimas brotaron de sus ojos, corriendo por sus mejillas, hasta tocar el papel. Estas, a la vez, le tapaban la vista, veía borroso, lo que no le permitía escribir. Debía buscar algún pañuelo para limpiarse y secar la hoja. Pero, en el momento en que buscaba en su cartera, pareció como si el tiempo se detuviera, como si nadie más se moviera y solo ella tuviera la prerrogativa de moverse, hablar y pensar.
Es claro: no puedo vivir en este intento de ocultar la verdad… Debo confesarlo, pero no es correcto, no debería. Mas, no puedo evitarlo, cuando sus ojos se topan con los míos, siento como si todo mi cuerpo temblara, y mis pelos se erizaran; mi pecho se llena de aire y lo boto todo en un suspiro. Es obvio, no puedo seguir mintiéndome. Yo, Alba Subercaseaux, lo amo.
Cuando la noche cubrió el cielo, se arregló para su cita: su hermano se casaba esa noche, debía haber estado lista hacía mucho, mas su cabeza no le había permitido seguir su día de la forma normal. Una vez preparada, respiró profundo y salió rumbo a su destino, al que debería haber llegado hacía más de media hora (por suerte, ser la hermana del novio, era algo que le ayudaba). Su madre, obviamente, la había esperado por mucho rato, pero finalmente, ahogada en los nervios, había decidido esperarla en la Iglesia y así evitar los malentendidos.
Llegó cuando la ceremonia estaba llegando a su punto culmine: el momento del sí. Se sentó cerca de su familia y empezó a escuchar. Los minutos pasaban lentamente y en el estómago se le producían retorcijones, como si alguien estuviera presionándola. De pronto, todos se pararon para escuchar al sacerdote, quien pronunciaba las palabras más importantes de la noche, y el silencio abordó la habitación:
- …Y tú, Alexiel Subercaseaux, ¿La aceptas?
- Sí.
- ¿Existe alguien que se oponga a este enlace?
No se atrevió a hablar, no pudo hacerlo. En su desesperación, se apretó el estómago con las manos, enterrándose las uñas a tal magnitud, que sintió como la húmeda sangre recorría su vestido.
Alba comprendió lo que acababa de suceder cuando ya habían pasado varias horas, cuando ya no había vuelta atrás. Solo aceptarlo.
FIN
lunes, 22 de marzo de 2010
Atribuciones
-Es mi destino. No te creas con la cercanía para venir a intentar hablar de mi.
-Te atribuyes conocimientos y jerarquías, en un lugar y momento no adecuado: es ahí donde yerras.
lunes, 22 de junio de 2009
sábado, 6 de junio de 2009
The Fountain (pastiche)
Durante el pleno apogeo del poder del Gran Inquisidor español, las fuerzas armadas de la realeza y de la fuerza eclesiástica (al menos los que ya no eran fieles a la corona) se enfrentaban codo a codo, reduciendo a la nobleza centímetro a centímetro: solo quedaban unos cuantos reinos a disposición de la Reina. El pueblo se encontraba a disposición de la Iglesia: ¿qué mejor manera de dominar que el miedo al castigo eterno? Se entregaban uno a uno, y los que no, eran entregados por sus vecinos, amigos y familia para ser sacrificados. El sumo sacerdote había amenazado con la excomunión a los que ocultaran a los rebeldes. Las únicas esperanzas de la Reina se iban desvaneciendo día a día, dejándola reducida a sus más cercanos protectores. No bastaba ser muy inteligente para darse cuenta de que ya todo estaba perdido, a menos de que la leyenda del Génesis fuera real, y verdaderamente existiera un lugar donde habitara un árbol cuya savia entregara la vida eterna a quien la tomara. Sin embargo, ya hacía mucho tiempo desde que San Agustín hubiera propuesto la lectura alegórica de los escritos sagrados. Lo que implicaba, que ese árbol, podía no ser más que una invención de algún profeta para indicar la vida después de la vida, y no realmente un árbol cuyo contenido pudiera hacer imperecedera la vida terrenal… La niña se despertó con un sobresalto: el sueño que estaba teniendo la había llevado a vivir luchas que jamás había siquiera pensado. Su noche se había transformado en una especie de pesadilla que no le había permitido liberarse de esas imágenes que le mostraban una España medieval llena de miedos, inseguridades e inquietudes. Se dio cuenta del día que era y se apresuró a bajar las escaleras. Sus hermanos no podían ganarle y ya debía llevar más de media hora de desventaja con respecto a ellos, cuya característica madrugadora no habían podido cambiar jamás, ni siquiera ahora, que tenían cerca de veinticinco y veintidós años, en contraste con los cortos doce años de ella. Cuando llegó al jardín notó que no había nadie en todo el terreno. –Mejor, –pensó, –tengo todo el terreno virgen para mí sola. Todos los huevitos serán míos. Mis hermanos deberán quedarse con los restos. – Sin embargo, una vez que comenzó a buscarlos… Un anillo cruzaba el dedo del conquistador, tenía miedo de lo que significaría tal acción, pero estaba contento de haber sido él el escogido… Notó que no había ningún rastro de ellos en todo el patio. –Mis hermanos los habrán atrapados todos antes de que despertara. –Pero las cortinas de sus hermanos estaban cerradas, no había posibilidad de que hubieran salido antes que ella… La madre se sentía cansada. Por suerte quedaban pocas horas de luz y ya pronto iría a acostarse, pero antes debía terminar de atender a su marido. –¿Quieres algo para comer, querido? –Preguntó esperando una negativa por respuesta, mas él le pidió que le trajera algo, por alguna extraña razón sentía mucha hambre –Está bien, lo traeré en seguida. Caminó sin ganas, el cansancio le cerraba los ojos, pero debía hacer lo pedido. Y así lo hizo, apenas fue entregado el gran sándwich hecho, se desvistió y metió dentro de la cama. Se encontraba a punto de cerrar sus ojos cuando su marido le preguntó si podría traer otro más. Se levantó nuevamente, caminó a la cocina y volvió a traer un sándwich, el que fue devorado lentamente por su marido. Ahora sí, pudo cerrar los ojos y a los pocos minutos se encontraba en plena oscuridad, con la respiración de su marido como único obstáculo para poder dormir… El caballero cabalgaba a gran velocidad por grandes páramos, en busca de su objetivo. Tenía apuro, ya habían pasado cerca de cuatro meses desde que había aceptado tal misión, y hasta el día de hoy, ningún avance había sido logrado: estaba asustado de lo que podría estar sucediendo en España. Temía por la vida de su Reina…. La noche era tranquila, sus sueños divagaban entre los sucesos de su vida reciente y la fantasía: nada fuera de lo común… Al fin había encontrado la cuarta pirámide, sobre ella debiera estar escondido su objetivo. Ahora debía averiguar cómo entrar a tal estructura sin ser detectado por los diferentes pueblos aborígenes que ahí debían habitar y que no estarían dispuestos a entregar su tesoro con mucha amabilidad… La niña fue a la alcoba de sus padres, tal vez, ellos sabrían qué estaba sucediendo. Tal vez, todo esto era una broma para ella, ya que, desde hacía algunas semanas que habían dejado de llamarla con su diminutivo para empezar a llamarla por su nombre real. Abrió la puerta lentamente (una actitud completamente aristocrática, pues en el fondo, estaba seguro de que sus padres estarían despiertos) y se adentró en la oscuridad. La imagen que vio la dejó helada unos segundos: sus padres estaba completamente dormidos, ¡no se habían despertado para ir a esconder los huevitos como todos los años en Pascua de Resurrección! Se acercó más al lecho… El hermano abrió los ojos lentamente. El agotamiento de una noche de trabajo en el laboratorio lo habían dejado exhausto para todo el fin de semana y apenas había salido de su morada para poder comer algo e ir al baño. Al acostumbrarse a la oscuridad pudo notar que su hermano seguía durmiendo tan profundo como solía hacerlo normalmente. Volvió a apoyar su cabeza en la almohada para ver si lograba volver a conciliar el sueño una vez más. El colgante sobre su cabeza se movía lentamente debido a la pequeña brisa que entraba por la ventana medio abierta, dejándolo completamente hipnotizado. Sus ojos se fueron cerrando nuevamente, llevándolo a tener fantasías inimaginables… Se veía a sí mismo volando sobre otro yo que caminaba apaciblemente con su futura esposa. Hasta que, por acción de alguna fuerza oculta, sus manos se separaban y ambos seguían caminos diferentes: ella se iba a una ciudad antigua en ruinas y él se iba a una selva enmarañada de la que difícilmente podría volver a salir… El grito de su madre lo arrebató de sus ensoñaciones… Si bien había sido atacado por diferentes indígenas, ninguno había sido lo suficientemente feroz como para matarlo: todos habían sido reducidos por el poder de su espada. Y ahora, podía subir los escalones uno a uno, lentamente, saboreando su victoria y la idea de su próxima alianza con la Reina. En su cabeza viajaba cada una de las imágenes del momento en que toda esta aventura había comenzado. Los escalones ya casi terminaban cuando logró entrar en un gran hall vacío. Al fondo, podía verse una entrada de luz. –Ese debe ser la entrada al jardín. –pensó. –Sin embargo, me parece demasiado fácil esto. Debe haber alguna trampa en algún lugar. –Todo se veía oscuro. No tuvo más opción que seguir adelante con la aventura y ver qué se encontraba en el camino… La madre se despertó al sentir una presencia en la habitación. Al abrir los ojos con rapidez, notó que su hija se encontraba frente a su catre y notó lo que estaba sucediendo, ¡No nos despertamos a tiempo para esconder los huevitos! Sin embargo, su marido no respondió. Sin dejar de mirar la mirada inerte de su hija llamó suavemente a su marido por su nombre, mas este, una vez más, no respondió. Volvió a repetir la acción hasta que se aburrió del aparente juego de su marido y se volteó para moverlo con las manos. Al ver su rostro gritó… Ambos hermanos se despabilaron al sentir el grito de angustia de su madre… Curiosamente, no había ninguna trampa: pudo cruzar todo el pasillo sin tener que defenderse de ninguna ofensiva. Sin embargo, detrás de él, una sombra se movía lentamente, con pasos lentos y suaves, de manera que el Conquistador no había notado su presencia en todo el rato en que este lo seguía. Al cruzar el umbral se encontró con un jardín grande, lleno de plantas y flores, con un estanque al medio y al fondo, un gran árbol. –Ese debe ser el árbol cuya savia me dará la vida eterna. – Se acercó y con una navaja lo apuntaló hasta que un líquido blanco salió de él. Bebió con ansias, sintió como el brebaje le daba una vitalidad que no sentía hace meses. La sombra ya se había transformado en un ser humano que se había quedado en la puerta del jardín, escondido y mirando… La niña estaba frente a frente a sus padres, pero algo le llamaba la atención. La expresión de dolor de su padre y los ojos medio abierto no le gustaba. Su madre despertó a los pocos minutos… Los hermanos acudieron a la habitación de sus padres para encontrar a su hermana petrificada frente a la cama. Al notar la expresión de su padre, se acercó el segundo de la familia con apuro, miedo, angustia y nerviosismo a sentir la presión, pero nada sintió: había que aceptarlo, su padre estaba muerto… Un dolor comenzaba a crecer en el estomago del conquistador. Su corazón comenzaba a acelerarse y por cada orificio de su cuerpo salían raíces. – ¡Me estoy transformando en una planta! –pensó, mientras su corazón se aceleraba lentamente. Su brazo izquierdo comenzó a arder y sentía como si mil hormigas caminaran sobre su cuerpo. El dolor invadió cada centímetro de su cuerpo, dejándolo ciego. Para sí continuaba pensando en el momento en que la Reina lo había llamado: "¡Guillermo, Guillermo, tú serás mi Adán, mi Rey y yo seré tu Eva, tu Reina!". A los pocos minutos, su agonía cesó al agotársele la vida. Su cuerpo se transformó en una compañera del árbol… La niña solo quería volver a escuchar la voz de su padre. –Padre, padre mío, por favor despierta. ¡Guillermo, padre, háblame! Yo sé que estás ahí. –repetía incesantemente para sí misma… El silencio reinante en el jardín fue interrumpido con las carcajadas del hombre que se encontraba pisando lo que antes sería el Conquistador español conocido como Guillermo Alessandri.
sábado, 2 de mayo de 2009
Lo que he guardado
Hasta que logre entender,
que no debo entenderlo.
Hasta que las palabras,
queden selladas en mi piel.
Hasta que mi imaginación,
vuele más allá de tu fantasía.
Hasta que mis manos,
se empalaguen de tanto moralizar.
Hasta que mi voz,
pierda su clamor.
Hasta que mis ojos,
se cansen de escribir.
Hasta que mis oídos,
se hastíen de cantar.
Hasta que mi olfato,
me pida a gritos que me detenga.
Hasta que la noche se detenga,
y llene el día de su oscuridad.
Hasta que el día termine,
y la noche nos cubra en su inmensidad.
Hasta que el mar,
se salga de sus cabales y la tierra se entregue.
Hasta que la tierra ceda,
y no haya más que un tinte azul.
Hasta que el tiempo se detenga,
y todo se confine.
Hasta que mi sueño termine,
y de la misma forma lo haga mi vida.
Hasta que las coincidencias no existan,
y se comprenda lo inevitable.
Hasta que eso suceda,
en mi seguirá constando todo aquello,
que he guardado.
domingo, 19 de abril de 2009
Una Obsesión Indebida
No se como empezar esta historia. Me siento incompetente para tamaña tarea, es decir, no creo que tenga las cualidades, ni mucho menos, el talento para poder hacerlo, pero haré mi mejor esfuerzo. En primer lugar, porque es una historia, que tal vez ya hayas escuchado, es un tanto conocida, o al menos lo es en aquel pueblo. Y en segundo lugar, porque no siempre es fácil relatar las experiencias ajenas, y en esta perspectiva, prefiero dejarlo por escrito. Sin embargo, no se me ocurre como iniciarla. Supongo que podría ser así:
Antonio Vidal, era un vendedor callejero, de esos que venden sus cosas en la calle a los autos que van pasando, pero como ustedes deben de estar imaginándose, en un pueblo como en el que acostumbraba a ir para vender su mercadería, no tenía mucho futuro. Sin embargo, este personaje solía venir día a día a dejar sus cosas con una cesta de mimbre, la cual, por lo vieja que se encontraba, casi ni vida le quedaba. El aspecto de él, era un poco desordenado, llegaba a dar la impresión de no estar limpio, y eso le alejaba a uno que otro posible consumidor, que por miedo a su imagen, preferían desaparecer. A pesar de todo, Toñito, como le decían las personas que creían conocerlo, no era una mala persona, por el contrario, poseía un carácter que lo ayudaba a superar todas y cada una de las contrariedades que la venta le trajera.
Este hombre, soltero, y del cual nunca se supo mucho más de lo que se veía, solía venir a este pueblo, y fue así como se le conoció. La gente lo miraba cada día, sin la menor intención de incomodarlo o algo así. Solo sentían curiosidad por su persona, por sus ojos que miraban con tristeza, pero con resignación, por todo lo que él representaba para los transeúntes que habitaban este lugar. Como nunca hablaba, nadie podía decir que lo conociera realmente, excepto algunas personas que se decían amigos de él, pero nunca se le vio con más compañía que algún perro callejero. Se rumoreaba, desde hacía mucho tiempo que este extraña y singular persona tenía un pasado oscuro, del cual nadie podía hablar con exactitud. Sin embargo, una que otra idea se tenían, y eran las siguientes: "Toñito, es un pobre hombre que intento ganarle al Diablo una partida del juego, pero que perdió. Ahora debe esperar para pagar su deuda, aunque muchas personas dicen que ya la está pagando, al tener que venir a vender cada mañana a este pueblo" (Para los que no sepan, el lugar del que les hablo se llama: "Villa Alegre", lo que es una verdadera contradicción, pues nadie de ahí es alegre como lo era el día su fundación). Era una versión un poco alocada, que nadie creía.
Una tarde Franco Zúñiga, un campesino que vivía en la esquina donde Toño solía vender sus cosas, se decidió a hablarle. No podía seguir pensando en ese individuo sin siquiera saber si en realidad se llamaba así o si su nombre no era más que la invención de alguien que había llegado hasta sus oídos. Le gritó, ¡Antonio! ¡Antonio! Desde su ventana, pero este no contesto. Se preocupó y bajó para salir a la calle a hablarle a la cara, pero cuando llegó a la puerta de la casa, de él, ni rastros quedaban, "Se habrá ido", pensó, "Al día siguiente le hablaré". Lamentablemente, no lo volvió a ver, ni al día siguiente, ni al subsiguiente, ni a la semana, le preocupaba que le hubiera pasado algo. En el pueblo se rumoreaba, nuevamente, que el Diablo lo había venido a buscar, pero no podía ser, eso era imposible.
A las dos semanas, y para callar las voces mal intencionadas de las señoras, apareció Toñito, con una camisa más vieja, remendada y gastada que la anterior. Cuando Franco lo vio, salió corriendo del lugar en donde estaba para ir a hablar con él, necesitaba preguntarle quien era, qué hacía cuando no venía a vender a acá y si estaba o no casado, en fin muchas preguntas. Pero cuando se acercó lo suficiente para hablarle, él se alejó y pretendió no escuchar a sus gritos, a lo que este lo siguió dando grandes zancadas hasta alcanzarlo. Le tocó el hombro, y se dio vuelta, su cara era parecida a la de un muerto, parecía como si tuviera miedo a que lo fueran a asaltar o algo así. Zúñiga intentó tranquilizarlo diciéndole que solo quería hablar y saber de él, que le intrigaba mucho su vida. Sus ojos eran de la máxima perplejidad, no podía entender porque alguien habría de querer hablar sobre él. El campesino le explico sus razones al vendedor, y este acepto acompañarlo a la "Plaza de Armas", donde podrían hablar y ver si así lo podía dejar tranquilo, ya que necesitaba seguir vendiendo.
El encuentro no duro más de una hora, era un hombre verdaderamente monótono, su vida giraba alrededor de las cosas que vendía, del camino de su casa al trabajo, y del trabajo a casa. Nada interesante. Esto desconcertó a Franco en un principio, pero luego de un tiempo se dio cuenta de que no podía ser verdad, de que algo de mentira había de haber en todo esto. Era imposible que un hombre que levantaba tales rumores tuviera una vida así. Debía de haberlo engañado, pero ¿Por qué lo habría hecho? ¿Qué habría tratado de ocultar? Era algo que tenía que averiguar, y lo haría. A la primera oportunidad que se le presentase, se ocultaría, y luego lo seguiría a su casa sigilosamente, para que no notara y en esa empresa lograría verificar si las cosas que había dicho eran ciertas o no.
Y así lo hizo, al pasar cinco días, (Para no levantar sospecha), salió de casa apenas el sol se puso y escondido en la entrada de la villa esperó un par de horas, hasta que Toño salió camino a su casa. Caminaba de una manera extraña, como si desconfiara de todo, hasta de sus propios pasos, a cada rato miraba hacía atrás, por suerte, para nuestro protagonista, este tenía una distancia apreciable que no le permitía verlo.
Caminaron durante horas. Franco estaba cansado, le dolían las piernas, pero este hombre continuaba y continuaba avanzando. Al menos, ya no miraba con la misma frecuencia que al principio. De pronto, llegaron a lo que parecía ser la casa del comerciante. Era una construcción antigua, de grandes piedras por paredes, con un techo que no parecía algo mejor que la paja, y, unas persianas y puertas cerradas de madera vieja, sin barniz y por tanto todas desgastadas por el tiempo. Nadie podía vivir en tales condiciones. Franco sintió una amargura que casi no le permitía respirar. Una vez que había analizado toda su casa logró comprender porque tenía esa mirada de tristeza cada vez que la gente lo veía.
Se acerco a la cerradura de la puerta para intentar mirar hacía adentro y ver que hacía, fue entonces cuando encontró lo que había estado buscando. Vio a Antonio hablando con la nada, teniendo una conversación con algún ser que era imposible de ver, al menos desde el cerrojo. Se movió hasta un biombo que estaba semiabierto y desde ahí logró divisar con quien hablaba. Era una mujer de edad mediana, con unos largos cabellos negros y una cara amigable, pero en sus ojos, estaba la misma demostración de tristeza que se solía ver en él.
A medida que iban hablando sus rostros se iban rejuveneciendo, como si los años volvieran uno a uno hacía atrás. Sus facciones, sus manos, todo en ellos iba adquiriendo lozanía. Daba la impresión de que a cada palabra pronunciada la edad se les quitaba de encima. Lo que más impactaba, era como las arrugas de sus caras se iban retirando, dando espacio a una piel tersa. Pero a la vez que todo esto sucedía, algo me incomodaba. A pesar de estar viviendo una situación que haría feliz a toda una nación, ellos se veían y escuchaban cada vez más tristes, con menos ganas y energía, como sí la vitalidad le fuera robada por el proceso externo que estaban viviendo.
A medida que esto sucedía, el espía escuchaba decir que ya no les quedaba mucho tiempo, que su situación se acabaría y todo habría de terminar pronto, pero que continuarían viviendo este infierno durante mucho tiempo más. "¿Qué podrá significar todo esto?" pensaba este, no tenía lógica. Decidió para si mismo que la única forma de averiguarlo era la de quedarse un rato más mirando y escuchando. Y así lo hizo. Logró divisar que no dejaban de mirar hacía la izquierda y descubrió que en ese lugar había un árbol.
Este árbol, que en la cultura japonesa conocen como "Sakura", se encontraba casi muerto, con muy pocas hojas y ninguna flor. Ahora que lo notaba, el ambiente se encontraba sobrecargado de las rosadas hojas de esta planta y hacían unas lindas ondas de color alrededor de las personas. Los cuerpos se comenzaron a levantar en el aire. Adentro había una verdadera tempestad de la cual ninguno de ambos podía salvarse, pero que aceptaban con resignación. Sus pies se fueron levantando del suelo, y sus ojos cerrando, ya no se veían palabras salir de sus labios, ni mucho menos podía oírse algún movimiento.
Tuvo que dejar de espiar. El espectáculo que había estado mirando era algo que sus ojos no querían creer. Se apartó, corriendo lo más rápido que sus piernas le permitían a su pueblo, pero la distancia era larga, y el propio agotamiento de la ida lo dejo sin energías para poder seguir así. Yacía acostado en el suelo. Estaba realmente exhausto. Todo de sí tiritaba y sentía como las pulsaciones por todo el cuerpo iban enloqueciendo, sus ojos se nublaban y sus extremidades hormigueaban; era una sensación nunca antes sentida por él. Sus ojos se cerraron.
Franco Zúñiga se despertó al día siguiente, estaba en su cama. Se levantó para ir al trabajo. Todo parecía ser un sueño, nada más. Fue al trabajo, y sin darse cuenta estaba vendiendo en la calle con una canasta de mimbre, que por lo vieja que estaba, mucha vida, no le debía de quedar.
FIN
martes, 24 de febrero de 2009
Make. Me. Care.
Capitulo 1: Introducción
Era un sentimiento de culpa el que lo albergaba. Había algo en su interior que lo hacía sentir remordimientos de las acciones cometidas durante los últimos días. Su mente había volado de un universo a otro buscando las respuestas a situaciones pasadas, a lugares dentro de los cuales él no tenía posibilidad de interactuar. Se sentía agobiado por la eterna búsqueda infructuosa que estaba haciendo, era algo que lo llevaba a la locura y el delirio.
El pasado es algo que no se puede cambiar, a pesar de que uno lo desee con todas sus fuerzas. Miles han tratado de inventar maquinas o artefactos que los ayuden a volver atrás para aprender de los errores ya cometidos y evitarlos, pero ninguno lo ha logrado. Al punto, de que se han escrito miles de historias sobre estos intentos. La literatura ha sido para muchos, una forma de escapar a sus problemas, de poder ordenar sus mentes y dejarse llevar por las sensaciones del segundo. De esa forma, evitar el error y el apuro a la hora de tomar decisiones. ¿No sería entonces la literatura una especie de maquina del tiempo?
Su vida pendía de un hilo. Y no es que pretendiera tomar una decisión fatal, ni mucho menos, al contrario, le quedaban muchos años de vida. Ahora si me preguntaras si acaso ésta sería placentera, no sabría responderte. Era una situación familiar lo que lo mantenía en la punta de su asiento. Ahora, sentado frente a sus cuadernos de anotaciones pensaba para sí mismo, no debería haber iniciado esto. Pero ya era tarde, ya lo había hecho.
domingo, 1 de febrero de 2009
Discusión de ducha 4
Ok. Sí, estuve desaparecido, pero volví.
¡Nuevo tema! Lo pondré bien simple:
"Hace unos días me encontraba viajando en medio de la Pampa Argentina, con la cabeza apoyada en el vidrio de la camioneta, cuyos amortigüadores dejaban harto qué desear, cuando se me vino a la mente la siguiente pregunta: ¿Es justa la decisión del gobierno de NO RECONSTRUIR CHAITÉN?".
Ok, estimados (y pocos) lectores, ¡opinen!
lunes, 12 de enero de 2009
Cita
Génesis 3:24
Echó, pues, fuera al hombre, y puso, al oriente del huerto
de Edén, querubines y una espada encendida que se revolvía
por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.
domingo, 30 de noviembre de 2008
Teoría Literaria I
.
Una vía de escape.
“No es que fuesen incómodas las alas,
es que dolían…” (Zenit, 2002).
Debo haber tenido unos ocho o nueve años cuando, en las largas vacaciones en el campo de mi familia, mi madre me entregó un libro y me dijo: “tómalo, léelo. Creo que ya estás grande para dejar de leer los libros del colegio y te hundas, solitariamente, en la literatura para grandes”. Tomé el libro con ansiedad, miré su portada, la que contrastaba con las pequeñas letras del título Jane Eyre escrito por Charlotte Brontë. Comencé a leerlo con gran entusiasmo, sin embargo, los vocablos me confundían, las imágenes eran demasiado crudas y los sentimientos demasiado intensos para una imaginación como la mía. Recuerdo, nítidamente, como la escena de la pieza roja, narrada por la protagonista, me marcó para siempre: de hecho, todavía no puedo dejar de recordar las apariciones de su tío muerto. No pude terminarlo ese año, ni el siguiente, ni el subsiguiente: tuve que dejarlo en pausa hasta que pasaron muchos años y recién ahí, pude terminarlo. Ese fue mi primer acercamiento a una literatura que no fuera infantil. Mas hoy, años después, y convertido en un estudiante de letras, se me pide que escriba mi propia teoría sobre la obra literaria perfecta, pero creo que no estoy listo para esto. Sin embargo, haré mi mejor esfuerzo. Utilizaré planteamientos de diversos teóricos, eso sí, me comportaré astutamente, pues utilizaré solamente lo que me sirva, lo que haga coherente mis planteamientos. Para comenzar, he de ordenar mis prioridades y contestar a ciertas interrogantes. En primer lugar hablaré de la finalidad de la obra literaria, luego del creador, en tercer lugar, del proceso creativo, para continuar con la materia u objeto de la literatura, en quinto lugar, se verán los detalles y, por último, las conclusiones.
Mi concepción de la literatura es un poco contradictoria: soy una especie de romántico a la hora de considerar el fin y la importancia de la literatura, pero a la vez, utilizo concepciones griegos. Sin embargo, específicamente en cuanto al fin de la literatura, prefiero basarme en los planteamientos de Longino. La buena literatura ha de ser sublime pero, ¿qué es lo sublime?:
[...] lo sublime es como una elevación y una excelencia en el lenguaje, y que los grandes poetas y prosistas de esta forma no de otra alcanzaron los más altos honores y vistieron su fama con la inmortalidad. Pues el lenguaje sublime conduce a los que lo escuchan no a la persuasión, sino al éxtasis. (Longino 148-9).
En otras palabras, lo sublime es el poder que tiene el poeta para hacer que el receptor, al leer su obra, sienta tal cantidad de placer que sea elevado a otra realidad. Eso es, en palabras técnicas, lo que considero el fin que ha de tener la literatura. Es decir, debe provocar una catarsis (la misma que en la teoría de Aristóteles), para que así el lector pueda olvidarse de la realidad circundante y pueda sumergirse en otra que lo lleve a explotar su imaginación. Es por todo lo anterior que me considero un romántico pues creo, como dice Wordsworth, que el telos que ha de tener la literatura es causar placer en el receptor (81) y, para lograr eso, la obra debe ser sublime.
En cuanto al creador o poeta (otro de los temas en los que ningún teórico ha podido llegar a un acuerdo): en este caso, será cuando se verá mi carácter de lector activo, pues utilizaré parte de los conceptos de Platón, sin embargo, solo tomaré una parte de lo que él dice, es decir, lo que me sirva para confirmar lo que pienso con respecto al escritor. El poeta es, para Platón y para mí, un ser inspirado; en sus propias palabras: “[…] los buenos poetas, recitan todos esos bellos poemas, no precisamente gracias a un arte, sino por estar inspirados.” (Platón 29-30). Me quedaré solo con una parte del fragmento: el poeta es un genio, una persona que logra superar las barreras de nuestra realidad y acceder a otras realidades. Además, tiene completo manejo sobre el uso de sus palabras para, de esta forma, lograr que todo lector llegue al nivel de placer esperado por toda buena obra literaria. Un ejemplo de un buen escritor, en este sentido, es Paul Auster, quien toma la novela negra y la parodia de tal forma que el lector encuentra lo sublime en ella. Un ejemplo de un mal escritor es el común de los otros escritores de novela negra, ya que, ninguno de ellos logra provocar esa reacción el lector, por lo tanto, no pueden ser considerados genios o, al menos, aún no han desarrollado su genio creativo a cabalidad.
A veces, cuando caminas por la calle, no te das cuenta de toda la gente con la que te cruzas: es casi como si el resto del mundo fueran otros obstáculos que hay que cruzar. Pero, el día en que te das cuenta de que esos seres que seudo inanimados son también seres humanos y, por ende, mundos completos por conocer, es cuando te haz formado tu propio personaje. El proceso creativo se puede definir como una regresión: un momento en que el tiempo se para y las imágenes llegan solas a tu mente. Se crea una historia, en la que solo falta atar cabos sueltos y unir los personajes creados bajo el conocimiento revelado por esas personas que, día a día, viven su vida. Entonces, el poeta, en su estado de máxima inspiración, recibe estas regresiones que conecta con los develamientos de personajes y, como es un genio, logra crear una obra sublime que lo lleva a causar el máximo placer en los receptores de su obra. Sin embargo, la creación poética no puede ser solamente un vómito de imágenes aparecidas en la mente del creador: debe haber una conexión coherente y real. De lo contrario, no se incitará al placer buscado. En este sentido, reconozco una nueva influencia, pero esta vez, es una influencia difícil de clasificar en un solo movimiento, sería mejor decir que es una transición: “La mayoría de los escritores […] prefieren hacer creer que el éxtasis intuitivo, o algo así como un delicado frenesí, es el estado en que se encuentran cuando realizan sus composiciones, y se estremecerían […] si el público […] presenciase las escenas de elaboración.” (Poe 11). Como es posible dilucidar a partir de la cita anterior, hay que ser honesto, una buena obra no puede ser solo una espontaneidad, tiene que haber un trabajo por detrás que haga coherente y el público debe saber que ese trabajo es una realidad. Aunque, se debe tener cuidado de perder la naturalidad, ya que esa es, en el fondo, la magia de la literatura.
Como se ha visto en toda la historia de la literatura, no hay tema que esta no pueda tratar: desde las más crudas historias de guerras, hasta los más cursis cuentos de amor. Sin embargo, no todos los escritores tienen el poder de tocar el argumento con la suficiente maestría como para cumplir el fin buscado. Es necesario entonces, llamar la atención al poeta, decirle que tenga cuidad con el tema que vaya a escoger, pues de repente, se les ocurre elegir temas que ‘les quedan grande’, es decir, temas que, por su carácter, merecen ser tratados por escritores que tengan desarrollado todo su genio creativo, sin embargo, son elegidos por escritores que aún no llegan ni a la mitad del camino. En resumen, creo que los escritores deben sopesar sus obras anteriores y ver hasta qué nivel han llegado, de esa manera, podrá ver si los temas que han escogido han podido ser lo suficientemente tratados. En caso de que sea un escritor novato, se le recomienda que se atreva a escoger un tema que no sea muy polémico, pero que tampoco caiga en lo vulgar. Por último, he de recordar que el tema puede hacer que un gran escritor vea disminuido su poder de causar sublimidad. Un ejemplo de esto es el autor Gabriel García Marques, quien al intentar hacer un pastiche de la obra La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata, y traerlo a la cultura occidental, vio como la crítica lo despedazo (aunque, gracias a su obra anterior, Cien años de soledad, este error, le fue perdonado e incluso, olvidado).
Con respecto a los detalles, es necesario decirle al vate que tenga un especial cuidado con el largo de sus obras. No comparto la idea de algunos teóricos de dar una cantidad de tiempo exacto para la lectura de una obra, ya que tengo una perspectiva proustiana del tiempo, es decir, creo que el tiempo es subjetivo. Sin embargo, considero que es importante que la obra pueda ser leída de una sola vez: “Si un trabajo literario es demasiado largo para que pueda ser leído de una sola vez, debemos resignarnos a no aprovechar el efecto importantísimo que deriva de la unidad de la impresión.” (Poe 12). En esta consideración, los cuentos de Hoffmann no podrían ser leídos de una sola vez, ya que es necesario un descanso entre medio, sin embargo, los cuentos de Kawabata sí lo cumplen, pues de hecho, es posible leer más de uno de corrido. En segundo lugar, en la escritura del cuento, se debe tener cuidado de no tocar más de un tema, en la de la novela, de no cansar al lector con muchos subtemas sin sentido y en el poema, se debe utilizar recursos que, tengan un sentido para ambientar la pasión que se quiere transmitir. En tercer lugar, es recomendable recordarle al autor que, una vez que termina el libro, este se transforma en un ente viviente y que, por lo mismo, él ya no es responsable de lo que la gente interprete. Es decir, advertirle que no caiga en la falacia del autor dueño de todo lo que su obra dice. Creo que, en cuanto a los detalles, con esto será más que suficiente.
Esto es, en resumidas cuentas, lo que espero de una obra literaria: en primer lugar que su fin no sea otro que el causar placer en el receptor y que, para lograr este cometido, utilice los recursos de la sublimidad. En segundo lugar, el creador es un ser inspirado por la divinidad, pero en el sentido positivo, es decir, según mi propia lectura de los dichos de Platón. Luego, el proceso creativo, el que debe nacer de una regresión o espontaneidad (en mi teoría) que luego debe ser trabajada, para evitar así, las imperfecciones de un sinsentido. En cuarto lugar, la materia que ha de tocar la literatura ha de ser cualquiera, mientras que el escritor esté listo para escribirla y no caiga en la impertinencia. Finalmente, la extensión de la obra, la diversidad de temas que puede tocar una creación según lo que sea y la falacia del autor. Con todo, debo concluir esta mi primera teoría sobre la literatura o poética, la poética de Juan José, y la voy a terminar con una confidencia: toda esta teoría fue hecha para justificar una sola obra literaria y, esa obra, es la propia. Siento confesar lo inconfesable, pero la literatura fue, es y será siempre para mí una vía de escape.
viernes, 28 de noviembre de 2008
Miedos
No puedo seguir negando esto: tengo miedo. En las próximas semanas vendrá un ángel, en forma de Nephilim a salvarme de mis pecados pasados, a purificarme. Debo resistir, debo continuar y no caer en la tentación que Satán me está plantando.
No es tan fácil como parece, no lo crean. No es que yo diga: ya, dejaré que todo pase y que solo sea un mal recuerdo más. Es algo más, un miedo mucho más profundo, algo que me aterroriza hasta sentir mis pelos erizarse uno a uno.
Ya no sé si esto sea lo correcto, solo sé que en el fondo tengo la sensación de que no está en mis manos continuar o detenerme: es algo que supera mis sentidos. Es como si estuviera escrito en mi piel, en mi sangre.
viernes, 14 de noviembre de 2008
Suplantación
No es que él fuera especial. Tampoco es que fuera una persona que sobresaliera del resto. Él, simplemente, era él. Por lo mismo, siempre había pensado que él mismo era diferente, que resaltaba en su propia originalidad. Y dentro de todo, tenía razón: de toda la gente que conocía, jamás había conocido a nadie que lo hiciera sentir uno más. Más allá, de todos sus amigos, él siempre había sido el artista, el diferente, alternativo, etc.
Mas su vida le reservaba una sorpresa: una caída, mejor dicho. Un día, conocería a una persona que no solo se le parecería, sino que también terminaría suplantándolo: al principio, la gente lo vería como un hecho natural, pero una vez avanzado el tiempo, la plebe, se daría cuenta de que nuestro héroe, habría desaparecido.
domingo, 12 de octubre de 2008
El tiempo se ha parado***
El tiempo se ha parado.
Cerramos nuestros ojos,
el aire dejó de existir,
nuestro cuerpo temblo,
y todo se estremeció.
Una lágrima recorrió mi cara,
hasta tocar mi cuello.
Una sonrisa se dibujó en tu rostro,
hasta desfigurar tu semblante.
Te quise,
me quisiste.
El tiempo se paró.
Continuó, pero terminó.
jueves, 9 de octubre de 2008
Princesas y principes.
La princesa lo miraba perpleja. No podía desviar su mirada de este principe que le prometía amor, locura y pasión con su mirada.
Ella no lo sabía, pero al cruzar sus ojos se había entregado a una relación que la desgastaría al punto de querer conocer la muerte. No tenía idea, no lo había siquiera pensado, pero su felicidad ya había comenzado a hacer la cuenta regresiva.
viernes, 3 de octubre de 2008
Ars Poetique (Retractatio).
Veo conectarse a una antigua amiga cuyo seudónimo me recuerda mis días de colegio, donde todo era plano y accesible. Recuerdo esos largos recreos sentado en el pasto con mis amigos conversando sobre la pelea de algún compañero con el profesor, o sobre el carrete del fin de semana y cómo todas esas discusiones sin sentido, terminaban siendo un material indescifrable (o al menos cerrado) de un próximo cuento. A veces, me despierto en las mañanas, pensando qué iremos a conversar con mis amigos en clases, mientras el señor condorito se encuentra copiando las reglas para poder solucionar una ecuación de grado 3, con más de dos incógnitas. Pero a los minutos me doy cuenta de que la vida ya no es así, que estoy en otro mundo, donde mis amigos no están y que la niñez he de dejarla atrás.
Todo esto ocurre por la falta de madurez: es hora de dejar todo atrás, de mirar hacia delante y empezar a preocuparte por ti. Crecer, es lo que te falta: la madurez no solo se ve en cómo afrontas las situaciones de riesgo, sino en cómo me presento ante lo cotidiano.
domingo, 14 de septiembre de 2008
Orestiada
"Coro: ¡Ay dioses nuevos! ¡Habéis pisoteado las antuguas leyes! ¡Me le habéis arrebatado de las manos! Pero yo, miserable, la despreciada, encendida en cólera arrojaré sobre este suelo en desagravio de mi afrenta todo el veneno que gotea de mi corazón. ¡Vaya si lo arrojaré! Y este veneno se derramará por la tierra, y su ponzoña secará hojas y flores, y matará a todo ser viviente, y no perdonará a los hombres! ¡Oh justicia! ¡Todo, todo lo apestará y asolará! ¿Lloro? ¡Qué hacer! ¿Me río? ¡Lo que he padecido ha de pesar mucho a los atenienses! ¡Ay hijas de la noche! ¡Infelices! ¡Cuán grande y afrentosa es la desdicha que lloráis!"
Orestiada, Las Euménides