sábado, 2 de mayo de 2009

Lo que he guardado

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Hasta que logre entender,
que no debo entenderlo.
Hasta que las palabras,
queden selladas en mi piel.
Hasta que mi imaginación,
vuele más allá de tu fantasía.

Hasta que mis manos,
se empalaguen de tanto moralizar.
Hasta que mi voz,
pierda su clamor.
Hasta que mis ojos,
se cansen de escribir.
Hasta que mis oídos,
se hastíen de cantar.
Hasta que mi olfato,
me pida a gritos que me detenga.

Hasta que la noche se detenga,
y llene el día de su oscuridad.
Hasta que el día termine,
y la noche nos cubra en su inmensidad.
Hasta que el mar,
se salga de sus cabales y la tierra se entregue.
Hasta que la tierra ceda,
y no haya más que un tinte azul.

Hasta que el tiempo se detenga,
y todo se confine.
Hasta que mi sueño termine,
y de la misma forma lo haga mi vida.
Hasta que las coincidencias no existan,
y se comprenda lo inevitable.

Hasta que eso suceda,
en mi seguirá constando todo aquello,
que he guardado.

domingo, 19 de abril de 2009

Una Obsesión Indebida

    No se como empezar esta historia. Me siento incompetente para tamaña tarea, es decir, no creo que tenga las cualidades, ni mucho menos, el talento para poder hacerlo, pero haré mi mejor esfuerzo. En primer lugar, porque es una historia, que tal vez ya hayas escuchado, es un tanto conocida, o al menos lo es en aquel pueblo. Y en segundo lugar, porque no siempre es fácil relatar las experiencias ajenas, y en esta perspectiva, prefiero dejarlo por escrito. Sin embargo, no se me ocurre como iniciarla. Supongo que podría ser así:

Antonio Vidal, era un vendedor callejero, de esos que venden sus cosas en la calle a los autos que van pasando, pero como ustedes deben de estar imaginándose, en un pueblo como en el que acostumbraba a ir para vender su mercadería, no tenía mucho futuro. Sin embargo, este personaje solía venir día a día a dejar sus cosas con una cesta de mimbre, la cual, por lo vieja que se encontraba, casi ni vida le quedaba. El aspecto de él, era un poco desordenado, llegaba a dar la impresión de no estar limpio, y eso le alejaba a uno que otro posible consumidor, que por miedo a su imagen, preferían desaparecer. A pesar de todo, Toñito, como le decían las personas que creían conocerlo, no era una mala persona, por el contrario, poseía un carácter que lo ayudaba a superar todas y cada una de las contrariedades que la venta le trajera.

    Este hombre, soltero, y del cual nunca se supo mucho más de lo que se veía, solía venir a este pueblo, y fue así como se le conoció. La gente lo miraba cada día, sin la menor intención de incomodarlo o algo así. Solo sentían curiosidad por su persona, por sus ojos que miraban con tristeza, pero con resignación, por todo lo que él representaba para los transeúntes que habitaban este lugar. Como nunca hablaba, nadie podía decir que lo conociera realmente, excepto algunas personas que se decían amigos de él, pero nunca se le vio con más compañía que algún perro callejero. Se rumoreaba, desde hacía mucho tiempo que este extraña y singular persona tenía un pasado oscuro, del cual nadie podía hablar con exactitud. Sin embargo, una que otra idea se tenían, y eran las siguientes: "Toñito, es un pobre hombre que intento ganarle al Diablo una partida del juego, pero que perdió. Ahora debe esperar para pagar su deuda, aunque muchas personas dicen que ya la está pagando, al tener que venir a vender cada mañana a este pueblo" (Para los que no sepan, el lugar del que les hablo se llama: "Villa Alegre", lo que es una verdadera contradicción, pues nadie de ahí es alegre como lo era el día su fundación). Era una versión un poco alocada, que nadie creía.

    Una tarde Franco Zúñiga, un campesino que vivía en la esquina donde Toño solía vender sus cosas, se decidió a hablarle. No podía seguir pensando en ese individuo sin siquiera saber si en realidad se llamaba así o si su nombre no era más que la invención de alguien que había llegado hasta sus oídos. Le gritó, ¡Antonio! ¡Antonio! Desde su ventana, pero este no contesto. Se preocupó y bajó para salir a la calle a hablarle a la cara, pero cuando llegó a la puerta de la casa, de él, ni rastros quedaban, "Se habrá ido", pensó, "Al día siguiente le hablaré". Lamentablemente, no lo volvió a ver, ni al día siguiente, ni al subsiguiente, ni a la semana, le preocupaba que le hubiera pasado algo. En el pueblo se rumoreaba, nuevamente, que el Diablo lo había venido a buscar, pero no podía ser, eso era imposible.

A las dos semanas, y para callar las voces mal intencionadas de las señoras, apareció Toñito, con una camisa más vieja, remendada y gastada que la anterior. Cuando Franco lo vio, salió corriendo del lugar en donde estaba para ir a hablar con él, necesitaba preguntarle quien era, qué hacía cuando no venía a vender a acá y si estaba o no casado, en fin muchas preguntas. Pero cuando se acercó lo suficiente para hablarle, él se alejó y pretendió no escuchar a sus gritos, a lo que este lo siguió dando grandes zancadas hasta alcanzarlo. Le tocó el hombro, y se dio vuelta, su cara era parecida a la de un muerto, parecía como si tuviera miedo a que lo fueran a asaltar o algo así. Zúñiga intentó tranquilizarlo diciéndole que solo quería hablar y saber de él, que le intrigaba mucho su vida. Sus ojos eran de la máxima perplejidad, no podía entender porque alguien habría de querer hablar sobre él. El campesino le explico sus razones al vendedor, y este acepto acompañarlo a la "Plaza de Armas", donde podrían hablar y ver si así lo podía dejar tranquilo, ya que necesitaba seguir vendiendo.

El encuentro no duro más de una hora, era un hombre verdaderamente monótono, su vida giraba alrededor de las cosas que vendía, del camino de su casa al trabajo, y del trabajo a casa. Nada interesante. Esto desconcertó a Franco en un principio, pero luego de un tiempo se dio cuenta de que no podía ser verdad, de que algo de mentira había de haber en todo esto. Era imposible que un hombre que levantaba tales rumores tuviera una vida así. Debía de haberlo engañado, pero ¿Por qué lo habría hecho? ¿Qué habría tratado de ocultar? Era algo que tenía que averiguar, y lo haría. A la primera oportunidad que se le presentase, se ocultaría, y luego lo seguiría a su casa sigilosamente, para que no notara y en esa empresa lograría verificar si las cosas que había dicho eran ciertas o no.

Y así lo hizo, al pasar cinco días, (Para no levantar sospecha), salió de casa apenas el sol se puso y escondido en la entrada de la villa esperó un par de horas, hasta que Toño salió camino a su casa. Caminaba de una manera extraña, como si desconfiara de todo, hasta de sus propios pasos, a cada rato miraba hacía atrás, por suerte, para nuestro protagonista, este tenía una distancia apreciable que no le permitía verlo.

Caminaron durante horas. Franco estaba cansado, le dolían las piernas, pero este hombre continuaba y continuaba avanzando. Al menos, ya no miraba con la misma frecuencia que al principio. De pronto, llegaron a lo que parecía ser la casa del comerciante. Era una construcción antigua, de grandes piedras por paredes, con un techo que no parecía algo mejor que la paja, y, unas persianas y puertas cerradas de madera vieja, sin barniz y por tanto todas desgastadas por el tiempo. Nadie podía vivir en tales condiciones. Franco sintió una amargura que casi no le permitía respirar. Una vez que había analizado toda su casa logró comprender porque tenía esa mirada de tristeza cada vez que la gente lo veía.

Se acerco a la cerradura de la puerta para intentar mirar hacía adentro y ver que hacía, fue entonces cuando encontró lo que había estado buscando. Vio a Antonio hablando con la nada, teniendo una conversación con algún ser que era imposible de ver, al menos desde el cerrojo. Se movió hasta un biombo que estaba semiabierto y desde ahí logró divisar con quien hablaba. Era una mujer de edad mediana, con unos largos cabellos negros y una cara amigable, pero en sus ojos, estaba la misma demostración de tristeza que se solía ver en él.

A medida que iban hablando sus rostros se iban rejuveneciendo, como si los años volvieran uno a uno hacía atrás. Sus facciones, sus manos, todo en ellos iba adquiriendo lozanía. Daba la impresión de que a cada palabra pronunciada la edad se les quitaba de encima. Lo que más impactaba, era como las arrugas de sus caras se iban retirando, dando espacio a una piel tersa. Pero a la vez que todo esto sucedía, algo me incomodaba. A pesar de estar viviendo una situación que haría feliz a toda una nación, ellos se veían y escuchaban cada vez más tristes, con menos ganas y energía, como sí la vitalidad le fuera robada por el proceso externo que estaban viviendo.

A medida que esto sucedía, el espía escuchaba decir que ya no les quedaba mucho tiempo, que su situación se acabaría y todo habría de terminar pronto, pero que continuarían viviendo este infierno durante mucho tiempo más. "¿Qué podrá significar todo esto?" pensaba este, no tenía lógica. Decidió para si mismo que la única forma de averiguarlo era la de quedarse un rato más mirando y escuchando. Y así lo hizo. Logró divisar que no dejaban de mirar hacía la izquierda y descubrió que en ese lugar había un árbol.

Este árbol, que en la cultura japonesa conocen como "Sakura", se encontraba casi muerto, con muy pocas hojas y ninguna flor. Ahora que lo notaba, el ambiente se encontraba sobrecargado de las rosadas hojas de esta planta y hacían unas lindas ondas de color alrededor de las personas. Los cuerpos se comenzaron a levantar en el aire. Adentro había una verdadera tempestad de la cual ninguno de ambos podía salvarse, pero que aceptaban con resignación. Sus pies se fueron levantando del suelo, y sus ojos cerrando, ya no se veían palabras salir de sus labios, ni mucho menos podía oírse algún movimiento.

Tuvo que dejar de espiar. El espectáculo que había estado mirando era algo que sus ojos no querían creer. Se apartó, corriendo lo más rápido que sus piernas le permitían a su pueblo, pero la distancia era larga, y el propio agotamiento de la ida lo dejo sin energías para poder seguir así. Yacía acostado en el suelo. Estaba realmente exhausto. Todo de sí tiritaba y sentía como las pulsaciones por todo el cuerpo iban enloqueciendo, sus ojos se nublaban y sus extremidades hormigueaban; era una sensación nunca antes sentida por él. Sus ojos se cerraron.

Franco Zúñiga se despertó al día siguiente, estaba en su cama. Se levantó para ir al trabajo. Todo parecía ser un sueño, nada más. Fue al trabajo, y sin darse cuenta estaba vendiendo en la calle con una canasta de mimbre, que por lo vieja que estaba, mucha vida, no le debía de quedar.


 

FIN

martes, 24 de febrero de 2009

Make. Me. Care.

Capitulo 1: Introducción

Era un sentimiento de culpa el que lo albergaba. Había algo en su interior que lo hacía sentir remordimientos de las acciones cometidas durante los últimos días. Su mente había volado de un universo a otro buscando las respuestas a situaciones pasadas, a lugares dentro de los cuales él no tenía posibilidad de interactuar. Se sentía agobiado por la eterna búsqueda infructuosa que estaba haciendo, era algo que lo llevaba a la locura y el delirio.

El pasado es algo que no se puede cambiar, a pesar de que uno lo desee con todas sus fuerzas. Miles han tratado de inventar maquinas o artefactos que los ayuden a volver atrás para aprender de los errores ya cometidos y evitarlos, pero ninguno lo ha logrado. Al punto, de que se han escrito miles de historias sobre estos intentos. La literatura ha sido para muchos, una forma de escapar a sus problemas, de poder ordenar sus mentes y dejarse llevar por las sensaciones del segundo. De esa forma, evitar el error y el apuro a la hora de tomar decisiones. ¿No sería entonces la literatura una especie de maquina del tiempo?

Su vida pendía de un hilo. Y no es que pretendiera tomar una decisión fatal, ni mucho menos, al contrario, le quedaban muchos años de vida. Ahora si me preguntaras si acaso ésta sería placentera, no sabría responderte. Era una situación familiar lo que lo mantenía en la punta de su asiento. Ahora, sentado frente a sus cuadernos de anotaciones pensaba para sí mismo, no debería haber iniciado esto. Pero ya era tarde, ya lo había hecho.

domingo, 1 de febrero de 2009

Discusión de ducha 4

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Ok. Sí, estuve desaparecido, pero volví.
¡Nuevo tema! Lo pondré bien simple:

"Hace unos días me encontraba viajando en medio de la Pampa Argentina, con la cabeza apoyada en el vidrio de la camioneta, cuyos amortigüadores dejaban harto qué desear, cuando se me vino a la mente la siguiente pregunta: ¿Es justa la decisión del gobierno de NO RECONSTRUIR CHAITÉN?".

Ok, estimados (y pocos) lectores, ¡opinen!

lunes, 12 de enero de 2009

Cita

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Génesis 3:24

Echó, pues, fuera al hombre, y puso, al oriente del huerto
de Edén, querubines y una espada encendida que se revolvía
por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Teoría Literaria I

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Una vía de escape.
“No es que fuesen incómodas las alas,
es que dolían…” (Zenit, 2002).

Debo haber tenido unos ocho o nueve años cuando, en las largas vacaciones en el campo de mi familia, mi madre me entregó un libro y me dijo: “tómalo, léelo. Creo que ya estás grande para dejar de leer los libros del colegio y te hundas, solitariamente, en la literatura para grandes”. Tomé el libro con ansiedad, miré su portada, la que contrastaba con las pequeñas letras del título Jane Eyre escrito por Charlotte Brontë. Comencé a leerlo con gran entusiasmo, sin embargo, los vocablos me confundían, las imágenes eran demasiado crudas y los sentimientos demasiado intensos para una imaginación como la mía. Recuerdo, nítidamente, como la escena de la pieza roja, narrada por la protagonista, me marcó para siempre: de hecho, todavía no puedo dejar de recordar las apariciones de su tío muerto. No pude terminarlo ese año, ni el siguiente, ni el subsiguiente: tuve que dejarlo en pausa hasta que pasaron muchos años y recién ahí, pude terminarlo. Ese fue mi primer acercamiento a una literatura que no fuera infantil. Mas hoy, años después, y convertido en un estudiante de letras, se me pide que escriba mi propia teoría sobre la obra literaria perfecta, pero creo que no estoy listo para esto. Sin embargo, haré mi mejor esfuerzo. Utilizaré planteamientos de diversos teóricos, eso sí, me comportaré astutamente, pues utilizaré solamente lo que me sirva, lo que haga coherente mis planteamientos. Para comenzar, he de ordenar mis prioridades y contestar a ciertas interrogantes. En primer lugar hablaré de la finalidad de la obra literaria, luego del creador, en tercer lugar, del proceso creativo, para continuar con la materia u objeto de la literatura, en quinto lugar, se verán los detalles y, por último, las conclusiones.
Mi concepción de la literatura es un poco contradictoria: soy una especie de romántico a la hora de considerar el fin y la importancia de la literatura, pero a la vez, utilizo concepciones griegos. Sin embargo, específicamente en cuanto al fin de la literatura, prefiero basarme en los planteamientos de Longino. La buena literatura ha de ser sublime pero, ¿qué es lo sublime?:
[...] lo sublime es como una elevación y una excelencia en el lenguaje, y que los grandes poetas y prosistas de esta forma no de otra alcanzaron los más altos honores y vistieron su fama con la inmortalidad. Pues el lenguaje sublime conduce a los que lo escuchan no a la persuasión, sino al éxtasis. (Longino 148-9).

En otras palabras, lo sublime es el poder que tiene el poeta para hacer que el receptor, al leer su obra, sienta tal cantidad de placer que sea elevado a otra realidad. Eso es, en palabras técnicas, lo que considero el fin que ha de tener la literatura. Es decir, debe provocar una catarsis (la misma que en la teoría de Aristóteles), para que así el lector pueda olvidarse de la realidad circundante y pueda sumergirse en otra que lo lleve a explotar su imaginación. Es por todo lo anterior que me considero un romántico pues creo, como dice Wordsworth, que el telos que ha de tener la literatura es causar placer en el receptor (81) y, para lograr eso, la obra debe ser sublime.
En cuanto al creador o poeta (otro de los temas en los que ningún teórico ha podido llegar a un acuerdo): en este caso, será cuando se verá mi carácter de lector activo, pues utilizaré parte de los conceptos de Platón, sin embargo, solo tomaré una parte de lo que él dice, es decir, lo que me sirva para confirmar lo que pienso con respecto al escritor. El poeta es, para Platón y para mí, un ser inspirado; en sus propias palabras: “[…] los buenos poetas, recitan todos esos bellos poemas, no precisamente gracias a un arte, sino por estar inspirados.” (Platón 29-30). Me quedaré solo con una parte del fragmento: el poeta es un genio, una persona que logra superar las barreras de nuestra realidad y acceder a otras realidades. Además, tiene completo manejo sobre el uso de sus palabras para, de esta forma, lograr que todo lector llegue al nivel de placer esperado por toda buena obra literaria. Un ejemplo de un buen escritor, en este sentido, es Paul Auster, quien toma la novela negra y la parodia de tal forma que el lector encuentra lo sublime en ella. Un ejemplo de un mal escritor es el común de los otros escritores de novela negra, ya que, ninguno de ellos logra provocar esa reacción el lector, por lo tanto, no pueden ser considerados genios o, al menos, aún no han desarrollado su genio creativo a cabalidad.
A veces, cuando caminas por la calle, no te das cuenta de toda la gente con la que te cruzas: es casi como si el resto del mundo fueran otros obstáculos que hay que cruzar. Pero, el día en que te das cuenta de que esos seres que seudo inanimados son también seres humanos y, por ende, mundos completos por conocer, es cuando te haz formado tu propio personaje. El proceso creativo se puede definir como una regresión: un momento en que el tiempo se para y las imágenes llegan solas a tu mente. Se crea una historia, en la que solo falta atar cabos sueltos y unir los personajes creados bajo el conocimiento revelado por esas personas que, día a día, viven su vida. Entonces, el poeta, en su estado de máxima inspiración, recibe estas regresiones que conecta con los develamientos de personajes y, como es un genio, logra crear una obra sublime que lo lleva a causar el máximo placer en los receptores de su obra. Sin embargo, la creación poética no puede ser solamente un vómito de imágenes aparecidas en la mente del creador: debe haber una conexión coherente y real. De lo contrario, no se incitará al placer buscado. En este sentido, reconozco una nueva influencia, pero esta vez, es una influencia difícil de clasificar en un solo movimiento, sería mejor decir que es una transición: “La mayoría de los escritores […] prefieren hacer creer que el éxtasis intuitivo, o algo así como un delicado frenesí, es el estado en que se encuentran cuando realizan sus composiciones, y se estremecerían […] si el público […] presenciase las escenas de elaboración.” (Poe 11). Como es posible dilucidar a partir de la cita anterior, hay que ser honesto, una buena obra no puede ser solo una espontaneidad, tiene que haber un trabajo por detrás que haga coherente y el público debe saber que ese trabajo es una realidad. Aunque, se debe tener cuidado de perder la naturalidad, ya que esa es, en el fondo, la magia de la literatura.
Como se ha visto en toda la historia de la literatura, no hay tema que esta no pueda tratar: desde las más crudas historias de guerras, hasta los más cursis cuentos de amor. Sin embargo, no todos los escritores tienen el poder de tocar el argumento con la suficiente maestría como para cumplir el fin buscado. Es necesario entonces, llamar la atención al poeta, decirle que tenga cuidad con el tema que vaya a escoger, pues de repente, se les ocurre elegir temas que ‘les quedan grande’, es decir, temas que, por su carácter, merecen ser tratados por escritores que tengan desarrollado todo su genio creativo, sin embargo, son elegidos por escritores que aún no llegan ni a la mitad del camino. En resumen, creo que los escritores deben sopesar sus obras anteriores y ver hasta qué nivel han llegado, de esa manera, podrá ver si los temas que han escogido han podido ser lo suficientemente tratados. En caso de que sea un escritor novato, se le recomienda que se atreva a escoger un tema que no sea muy polémico, pero que tampoco caiga en lo vulgar. Por último, he de recordar que el tema puede hacer que un gran escritor vea disminuido su poder de causar sublimidad. Un ejemplo de esto es el autor Gabriel García Marques, quien al intentar hacer un pastiche de la obra La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata, y traerlo a la cultura occidental, vio como la crítica lo despedazo (aunque, gracias a su obra anterior, Cien años de soledad, este error, le fue perdonado e incluso, olvidado).
Con respecto a los detalles, es necesario decirle al vate que tenga un especial cuidado con el largo de sus obras. No comparto la idea de algunos teóricos de dar una cantidad de tiempo exacto para la lectura de una obra, ya que tengo una perspectiva proustiana del tiempo, es decir, creo que el tiempo es subjetivo. Sin embargo, considero que es importante que la obra pueda ser leída de una sola vez: “Si un trabajo literario es demasiado largo para que pueda ser leído de una sola vez, debemos resignarnos a no aprovechar el efecto importantísimo que deriva de la unidad de la impresión.” (Poe 12). En esta consideración, los cuentos de Hoffmann no podrían ser leídos de una sola vez, ya que es necesario un descanso entre medio, sin embargo, los cuentos de Kawabata sí lo cumplen, pues de hecho, es posible leer más de uno de corrido. En segundo lugar, en la escritura del cuento, se debe tener cuidado de no tocar más de un tema, en la de la novela, de no cansar al lector con muchos subtemas sin sentido y en el poema, se debe utilizar recursos que, tengan un sentido para ambientar la pasión que se quiere transmitir. En tercer lugar, es recomendable recordarle al autor que, una vez que termina el libro, este se transforma en un ente viviente y que, por lo mismo, él ya no es responsable de lo que la gente interprete. Es decir, advertirle que no caiga en la falacia del autor dueño de todo lo que su obra dice. Creo que, en cuanto a los detalles, con esto será más que suficiente.
Esto es, en resumidas cuentas, lo que espero de una obra literaria: en primer lugar que su fin no sea otro que el causar placer en el receptor y que, para lograr este cometido, utilice los recursos de la sublimidad. En segundo lugar, el creador es un ser inspirado por la divinidad, pero en el sentido positivo, es decir, según mi propia lectura de los dichos de Platón. Luego, el proceso creativo, el que debe nacer de una regresión o espontaneidad (en mi teoría) que luego debe ser trabajada, para evitar así, las imperfecciones de un sinsentido. En cuarto lugar, la materia que ha de tocar la literatura ha de ser cualquiera, mientras que el escritor esté listo para escribirla y no caiga en la impertinencia. Finalmente, la extensión de la obra, la diversidad de temas que puede tocar una creación según lo que sea y la falacia del autor. Con todo, debo concluir esta mi primera teoría sobre la literatura o poética, la poética de Juan José, y la voy a terminar con una confidencia: toda esta teoría fue hecha para justificar una sola obra literaria y, esa obra, es la propia. Siento confesar lo inconfesable, pero la literatura fue, es y será siempre para mí una vía de escape.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Miedos

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No puedo seguir negando esto: tengo miedo. En las próximas semanas vendrá un ángel, en forma de Nephilim a salvarme de mis pecados pasados, a purificarme. Debo resistir, debo continuar y no caer en la tentación que Satán me está plantando.
No es tan fácil como parece, no lo crean. No es que yo diga: ya, dejaré que todo pase y que solo sea un mal recuerdo más. Es algo más, un miedo mucho más profundo, algo que me aterroriza hasta sentir mis pelos erizarse uno a uno.
Ya no sé si esto sea lo correcto, solo sé que en el fondo tengo la sensación de que no está en mis manos continuar o detenerme: es algo que supera mis sentidos. Es como si estuviera escrito en mi piel, en mi sangre.