miércoles, 11 de abril de 2007

Predestinación (4ta. Parte)

Se fue. Nunca más lo volví a ver. Ese es el principio de mi soledad. En menos de una semana había perdido a toda la familia que me quedaba, y solo por mi orgullo y prejuicios frente a lo distinto a mí.


Camilo siguió estudiando, pero por cuenta de él mismo. A pesar de que, lo pedí y hasta rogué que volviera a vivir a la casa conmigo, él jamás quiso volver.
En su universidad conoció a una mujer, llamada Elisa, la cual provenía de una familia de una clase muy inferior a la nuestra, pero a Camilo parecía no importarle, y después de un par de años de salir juntos se casaron.

Vivían en una casa de clase media en un barrio popular de Santiago, donde compartían un solo baño y dos piezas.
Tenían un hijo, al que llamaron José Antonio, en honor al padre de Elisa, un abogado que nunca había prosperado.

José Antonio, fue educado en uno de los mejores colegios de Santiago, debido al trabajo de Elisa, podía su hijo ir a ese establecimiento con un gran descuento; De donde él obtuvo gran parte de sus modales y de todo lo que lo caracterizó después de un tiempo. Sin embargo, lo mejor de su educación, en cuanto a caballerosidad fue dada por su padre, Camilo, y su madre, Elisa, quienes se encargaron de hacerlo un gran ser humano.
Yo no lo vi hasta muchos años después. Jamás me quise acercar a él. Tal vez, me daba miedo recordar mi pasado, lo que había hecho con mi mujer y con mi hijo.

A pesar de toda la felicidad, que los tres miembros de su pequeña familia sentían, no todo puede ser perfecto, y un día, cuando José Antonio apenas había cumplido los quince años, después del trabajo Elisa y Camilo sufrieron un accidente que termino quitándole la vida a ambos.
Recibí la noticia estando en mi biblioteca leyendo, como de costumbre, alguno de los antiguos libros que ahí tenía. Estaba tranquilo, pensando en nada más que lo que tenía delante de mí, cuando entró María, mi ama de llaves, llorando y gritando que Camilo había muerto (Ella aún mantenía contacto con él, jamás habían roto sus comunicaciones, a pesar de que ya casi no tuvieran el tiempo para hablar como lo hacían antes). Al principio no lo creí posible. Pero luego de un par de minutos, y de recibir una llamada de los padres de Elisa, lo acepte.

Su funeral fue al día siguiente, donde solo asistió un par de personas, ya que los padres de ella no querían que fuera mucha gente, solo los más cercanos, y entre esos, me contaron a mí, a pesar de todo.
Fue recién ese día que conocí a mi nieto. Al verlo, tirite. No podía creerlo, tenía la misma mirada, mismo gesto que Álvaro, el hermano muerto de Camilo. Estuve toda la misa y ceremonia incomodo con la imagen de él, mirando los cuerpos inertes de sus padres y sin saber que iba a hacer.
Al terminar la misa, sus otros abuelos se acercaron a mí para hablar de algo que ellos decían ser muy importante, que necesitaban robarme un poco de mi tiempo, el cual se los concedí de inmediato (La conciencia me mataba).
Comenzaron con el saludo normal, con las mínimas reglas de cortesía y todas esas cosas que la gente hace para hacerse ver como gente culta. Sin embargo, de pronto llegaron al punto que querían decirme:

- Señor Ortúzar, como usted ya debe saber, nuestra condición económica no nos permite cuidar de José Antonio, y menos de pagar sus estudios.
- Si, lo entiendo.
- Y es por eso, que ya que usted, no le faltan los recursos.
- ¿Les gustaría que yo lo cuidara?
- Si. Ha quedado solo en el mundo el pobre.
- Comprendo. Pero, para serle franco, no creo que pueda tomar tal responsabilidad. El debe de odiarme, su padre, es decir, mi hijo, debe de haberle contado lo que yo hice con él, como lo trate.
- No se preocupe por eso. El no sabe nada de eso, y además hasta lo respeta.
- ¿Cómo es posible eso? …. De todas formas, no puedo tomar tal responsabilidad, no soy una buena persona, no me merezco que este niño se quede conmigo.
- ¿Prefiero verlo en la calle?
- No. Es que, no puedo aceptarlo. Perdóneme.
- Señor, perdóneme usted, pero es su nieto. Sangre de su sangre.- Al decir eso, mi corazón se dio vuelta.- Ya sabemos todos su historia con su hijo, por tanto creo que es el momento de remediar en algo todo lo que usted hizo.
- Visto desde ese punto de vista…
- Nada que: “Visto desde ese punto de vista”.
- Lléveselo, y cuídelo como si fuera Camilo mismo.



. . . Continúara . .

1 comentario:

Verito dijo...

Cuáticoo
jaja al final terminará arreglando todas sus leseras inconclusas
:3

no quero qu termine en la quinta parteeeee
qu dure mash mash
:D